(NARRADO POR KEELEN)
El zumbido del teléfono de Artemises rompió la calma tensa del gimnasio de rehabilitación. Yo estaba suspendido en las barras, con los brazos temblando y el sudor empapando mi frente, intentando que mi pie izquierdo recordara cómo besar el suelo. Artemises miró la pantalla y su rostro, ya de por sí cansado, se hundió en una mueca de dolor.
—Es Atenas —susurró, alejándose unos pasos pero sin perder de vista mi esfuerzo.
Me quedé inmóvil, sosteniéndome con pura fuerza de vol