Mundo ficciónIniciar sesiónEl vapor del baño todavía flotaba en el aire cuando ayudé a Eira a salir de la tina. Sus movimientos eran lentos, mecánicos, como si su cuerpo ya no le perteneciera. Le puse una de mis camisas de lino, que le quedaba enorme, y la llevé hasta la cama. Se sentó en el borde, abrazando sus rodillas, con la mirada perdida en las luces de la ciudad qu







