Mundo ficciónIniciar sesiónConducir por Atenas a las cuatro de la mañana debería ser un acto de paz, pero para mí fue un descenso frenético al noveno círculo del infierno. Mis manos apretaban el volante con tanta fuerza que los nudillos me dolían, y el rugido del motor era el único sonido que lograba acallar los gritos de mi propia mente.
"Desper







