.92.
—No… no puede ser —murmuró.
Ahora entendía. Entendía por qué Dorian se había ido solo. Por qué Maximiliano le decía que no podía salir. Él lo sabía. Había visto esto.
El escándalo ya estaba en boca de todos.
Y su matrimonio estaba en juego.
…
La luz del atardecer entraba por los ventanales del salón Hamilton, iluminando tenuemente la estancia de estilo clásico. Isabel estaba recostada en el diván, con una copa de vino en la mano y el teléfono en la otra. Sus ojos brillaron al ver el titular que