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—¿Por qué siento que te están exprimiendo? —bromeó Clarisa.
—No digas tonterías —respondió Rose, riendo.
—¿Qué hiciste anoche con tu marido de matrimonio relámpago? ¡Es tan guapo! ¿Dónde encontraste a un hombre así? Aunque su identidad es un poco común, ¡su cara y su cuerpo valen la pena! —comentó Clarisa emocionada—. ¡Oh! Por cierto, cuéntame, en la cama...
Rose la fulminó con la mirada, frunciendo el ceño.
Clarisa cerró la boca de inmediato.
Antes de entrar al centro comercial, cruzaron al ot