.11.
Se quedó para evitar que Asher y Rose estuvieran a solas.
—Si siente que es inapropiado, también puedo vigilar afuera de la puerta —dijo Carlos.
Rose asintió sin decir nada.
Asher luego se fue.
Fue alrededor de las cuatro de la tarde.
En el pasillo del hospital, una figura alta y elegante avanzaba hacia la sala.
Ya fuera el personal médico o los familiares que pasaban por allí, todos se detuvieron en seco.
Todo eso se debía a que aquel hombre tenía una presencia abrumadora: su apariencia era de