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—Sí… están bien.
—¿"Están bien"? Por favor, Asher, esto es nuestra boda. No es cualquier cosa —dijo Isabel con un tono suave, pero con ese veneno sutil que ya no se molestaba en disimular cuando estaban a solas.
Él le dirigió una mirada cansada. Todo en su lenguaje corporal gritaba que preferiría estar en otro planeta, y no eligiendo flores con la mujer que iba a convertirse en su esposa… por obligación, por presión, por un destino torcido.
Pero sonrió otra vez. Un gesto mecánico.
—Lo que tú de