—¡Entendido!
Justo cuando Mateo estaba a punto de bajar corriendo las escaleras para buscar a Mariana, recibió de repente una llamada de uno de sus subordinados. El subordinado, con desespero le dijo:
—Señor Ramírez, hemos perdido de vista a la señora…
Mateo apretó los puños, lleno de furia.
—¡Inútiles!
En ese momento, Mariana estaba emocionalmente destrozada, y si no había nadie para cuidarla, no se atrevía ni imaginar lo que podría suceder. Mientras estaba agobiado, él recibió una inesperad