Ella cerró los ojos, sabiendo que hoy no iba a ser tan fácil. Después del terrible escándalo del día anterior, donde ella lo manipuló a su antojo, era seguro que él buscaría venganza.
Mateo, al escuchar esto, esbozó una amplia sonrisa como si hubiera oído un chiste. Se puso una bata negra que estaba a un lado y, con calma sacó un paquete de cigarrillos de la mesa. Encendió uno, a pesar de que raramente fumaba, dejó que la pequeña llama rojiza se consumiera muy lentamente. El humo cubría las emoc