Mateo acariciaba sus dedos con delicadeza, como si aún guardaran el rastro del calor de ella. No lograba deshacerse de la inquietud que lo invadía, así que encendió inquieto un cigarrillo, a pesar de que había dejado de fumar hacía tiempo.
Mientras tanto, en la ducha, Mariana se bañaba, intentando limpiar cualquier tipo de rastro de desdicha. En ese preciso momento, recibió una llamada del guardaespaldas del abuelo, Nazario. Ella respondió de inmediato, ansiosa por saber sobre el estado actual d