Capítulo 58

Había asuntos que Mateo debía resolver en la capital, así que su viaje a Andaluz esa noche solo lo acompañarían sus guardaespaldas.

—Guillermo.

De pronto, una voz femenina familiar sonó a sus espaldas.

Guillermo se detuvo un instante y volteó a mirar.

Durante la cena, Sofía estuvo sentada, y Guillermo solo pudo ver su torso. Ahora de pie, se apreciaba mejor su figura esbelta y su porte elegante.

Se acercó despacio, sonrió levemente y extendió una mano:

—Mucho tiempo sin vernos.

Guillermo contes
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