Mientras subían las escaleras, se revolvía en sus brazos, pateando y golpeando con todas sus fuerzas.
Sin embargo, ella siempre había controlado su figura mediante una dieta estricta, sin hacer ejercicio con regularidad, así que, por mucho que luchara, para Guillermo sus esfuerzos eran como los arañazos de un gatito.
—Acúsame. Tu tío Víctor regresó este año a la fiscalía de la capital, qué conveniente para que vayas con él —dijo él con calma.
Apestaba a alcohol y llevaba el cuello de la camisa