Lo más penoso del mundo no es que tu esposo, con el que apenas convives, te cache en pleno momento íntimo en el baño; es que, después de semejante bochorno, tengas que fingir demencia y pedirle que te pase tu ropa interior.
Esto provocó que el camino de regreso por el callejón transcurriera en un silencio sepulcral.
Guillermo estaba tan desconcertado por la situación con Miranda que se sentía un poco aturdido. Intentó revisar unos documentos en el carro, pero en cuanto los abrió, una especie de