Mundo de ficçãoIniciar sessãoCon lo que no contaba Mía era que Morgan tenía las piernas bastante largas. Se abrazó del cuello de Ivar y pateó el celular que salió volando, haciendo una parábola hasta caer en uno de los tazones con ponche.
—¡Mi teléfono! —gritó Mía iracunda.
—¡Ja! ¡Pobre est&uacut







