—Si querías casarte con alguien solo para decirle qué hacer y qué no hacer, te hubieras unido a Cristina, ella parece más dócil… —refunfuñó Morgan.
Ivar se acercó un poco más, hipnotizado por su belleza, y acarició su mejilla con una ternura tan profunda e intensa que le robó el aliento a Morgan. Al verla tan hermosa y delicada con ese vestido, incluso se olvidó de lo que estaba reclamando.
«Mi pequeña fiera», pensó con media sonrisa. «Tan rebelde como atractiva».
—¿Quién eres tú y qué hici