—Te mereces una explicación. —dijo, mirando a Ares con sus pequeños ojos delineados en negro. —Entonces escucha lo que tenga que decir. Luego lo golpeamos.
Después, miré a Bruno, disculpándome por lo que estaba a punto de hacer, pero todo lo que hizo fue mostrar una pequeña y comprensiva, aunque triste, sonrisa.
Finalmente, miré a Ares, tratando de no hacerlo tan obvio que, en el fondo, nunca podría negar su pedido.
Esperé tanto tiempo por una explicación que cuando finalmente llegó el momento,