Maldita sea, Ares, qué mal momento para hacerme reír.
—Está bien… —Respondí, usando todas mis fuerzas para no dejar que mi risa ganara proporciones mayores, y casi me siento sofocada.
Él parece confundido por mi risa repentina, así que terminó arrugando el ceño, pero sus labios también se tensaron como si quisiera sonreír sin darse cuenta solo por verme riendo también. Lo amo tanto, dios mío. Se las arregla para ser tan… tan Ares, incluso enojado.
—Hasta luego, Ares. —Dije, finalmente, y me inc