—¡Abuela! —Dice Yeri, aferrándose a las piernas de su abuela, que no parece saber cómo reaccionar ante eso. —¿También viniste a la fiesta de la cachetona?
Jesús, esta familia me odia. Una me llama cachetona, la otra me dice salvaje.
—Oh, no, Yeri... solo vine a hablar sobre trabajo, pero ya me voy. —Dice la madre de Ares, y es gracioso ver a esta mujer incómoda.
—Puedes quedarte. Oscar también está aquí y puedes conocer a los padres de Maya. —Dice Ares, mirándome como para asegurarse de que no