Algunas luces en las habitaciones contiguas a la nuestra estaban encendidas, y quería ir de puerta en puerta llamando a cada una de esas personas, preguntándoles cómo podían permanecer encerrados adentro cuando una de las cosas más hermosas que he visto en mi vida estaba justo en frente a nosotros.
—¿Te gustó? —Escuché su voz, que sobresalía del suave canto del mar, y nuevamente su cuerpo estaba cerca del mío cuando me abrazó, haciendo que mi espalda descansara en su pecho.
Seguí mirando hacia