Él la abrazó de inmediato, con fuerza, como si quisiera arrancar de raíz su tristeza— ¿Te comentaron algo que te hizo sentir mal? —
— Algunas cosas, pero nada grave —
— Dime qué te dijeron —
Ella dudó, bajando la mirada — En realidad… me quedé con el comentario de que sigo siendo tu dama de compañía… o que estoy aquí por interés. Y… me he quedado con la duda. Creo que empezaré a buscar un nuevo trabajo, al menos por estos meses —
En su interior agradeció no haberle dicho a Darío que ya le había dado el “Sí” a su profesora. No quería ser vista nunca más como una mantenida.
— Mi amor, no hagas caso — Dijo Darío con voz grave pero suave, acariciándole la mejilla — Sí me estarás acompañando, pero no como dama de compañía, sino como mi novia. Con el trabajo todo sigue igual… incluso hablamos de que te ayudaré con temas administrativos —
Korina bajó la mirada, su mano tembló un poco — No lo sé, Don Darío. Al pagarme, siento como si siguiera siendo una dama de compañía. Lo lamento… pero así