Al alistarse para la reunión, arreglaron a Korina con un vestido largo, de tela ceñida y elegante color vino, que resaltaba cada curva de su figura. Su cabello fue peinado hacia un lado, cayendo en ondas suaves sobre su hombro, y un maquillaje de noche realzó el brillo de sus ojos verdes. Ella se miraba en el espejo con una mezcla de sorpresa y nerviosismo: No estaba acostumbrada a verse así, como parte de un mundo que siempre había sentido ajeno.
A los minutos llegó Don Darío. Se detuvo en la