Heisel tragó fuerte su saliva y debía hablar. Era consciente de que enfrentaba no solo a la esposa de Darío, sino también a la mujer que, de una u otra forma, se había convertido en la piedra angular del nuevo poder.
— Necesito hablar. No con él, ni con Doña Maritza. Contigo — Respondió con firmeza, aunque sus manos se tensaron.
Korina se cruzó de brazos, evaluándola con cuidado. La incomodidad era clara, pero también su curiosidad. Finalmente asintió con un gesto mínimo — No pienso dar espectá