El noticiero cambió a otro bloque: Agentes escoltando a los supuestos socios de Miguel, uno tras otro, esposados, con la prensa grabando cada segundo.
El mensaje era claro. Todo lo que habían planeado contra Darío se les había devuelto multiplicado.
Katty rompió en lágrimas, Yerlin se dejó caer en una silla con la mirada perdida, y Miguel, rojo de furia y desesperación, comprendió que ya no solo estaba perdiendo dinero… estaba perdiendo todo.
Un zumbido en su celular lo hizo mirar. Un mensaje sin remitente: “Te advertí. Con mi esposa no se juega.”
El teléfono resbaló de sus dedos y cayó al suelo. Nadie se atrevió a recogerlo.
En la oficina privada del casino, Darío estaba sentado con la serenidad de quien sabe que todo salió exactamente como lo había planeado. Un whisky medio consumido descansaba en la mesa, y frente a él, Farid revisaba los reportes en su tableta.
— Está confirmado, jefe — Dijo Farid, con una media sonrisa — Todos los socios de Miguel cayeron en el operativo. El