Korina suspiró, recostándose en el asiento — Es complicado todo esto. Las relaciones cada vez me parecen más trágicas. Yo mejor me dedico a Lían y ya —
— No. Yo quiero una esposa. Hijos. Una familia. — Dijo él con firmeza, como quien se confiesa sin pensarlo demasiado — Estuve siempre solo. A temprana edad mi padre me metió en el negocio, sin opción de elegir —
Ella lo miró, curiosa — ¿Y qué hubieras elegido? —
Él sonrió, misterioso — Buena pregunta. Cuando tenga una respuesta te la daré —
El resto del camino fue en silencio, pero no incómodo. Al llegar al casino, Korina pensó en irse al sillón como otras noches. Sin embargo, Darío la levantó con facilidad y la sentó en sus regazos. Esta vez no hubo espacio para escapar: La quería cerca, y lo estaba dejando muy claro.
— ¿Qué haces? — Preguntó Korina, con un ligero temblor en la voz al sentir cómo él la mantenía en sus brazos.
— Quiero usar mi otra apuesta ganada —
Ella arqueó una ceja — ¿Y qué deseas? —
— Besarte —
Korina lo miró en s