La noche había caído sobre la mansión, y el silencio del jardín solo era interrumpido por el leve crujido de los pasos sobre la madera de la terraza. Darío condujo a Korina hasta su habitación, pero antes de entrar, la tomó por la cintura y la atrajo hacia él.
— Hoy… — Dijo con voz baja y firme, mientras sus ojos recorrían cada gesto suyo — Hoy demostraste algo que muchos no creían posible, te felicito mi amor, de verdad admiro como haz crecido y madurado —
Korina, apoyada en su pecho, sonrió co