Yerlin titubeó, incapaz de ocultar su sorpresa por la naturalidad con que él se desenvolvía con el niño. Esa imagen rompía el molde del hombre frío y distante que siempre había conocido.
Lían volvió a reír, empujando otra bola hasta el borde, y Darío, sin importarle la presencia de Yerlin, se inclinó un poco para palmearle suavemente la cabeza.
— Eso, campeón, esa sí fue directa al bolsillo —
Yerlin lo miraba fija, con cierta incomodidad. Y en ese silencio lleno de tensiones ocultas, comprendió que había algo más en esa relación que no lograba descifrar.
— Señorita Yerlin no te esperaba acá — Don Darío miro al personal del hotel, había sido muy estricto en decir que no darían su ubicación.
— Me gusta venir a los senderos de acá, tiendo a caminar en ellos casi todas las semanas —
— Ya veo —
— ¿Esté niño es tu hijo? — Yerlin vio a Lían y este sonrió al verla.
De inmediato abrió un poco su boca, tenía el mismo color de ojos que su dama e incluso el color de piel, seguido Don Darío