Yerlin titubeó, incapaz de ocultar su sorpresa por la naturalidad con que él se desenvolvía con el niño. Esa imagen rompía el molde del hombre frío y distante que siempre había conocido.
Lían volvió a reír, empujando otra bola hasta el borde, y Darío, sin importarle la presencia de Yerlin, se inclinó un poco para palmearle suavemente la cabeza.
— Eso, campeón, esa sí fue directa al bolsillo —
Yerlin lo miraba fija, con cierta incomodidad. Y en ese silencio lleno de tensiones ocultas, comprend