Farid tomó su celular y comenzó a enviar unos mensajes, pensando en cómo separarlos, pero que fuera culpa de ella — Marvin ve a trabajar —
— ¡Hay ya!, está bien —
La noche había caído sobre la ciudad y el casino por fin comenzaba a calmarse. El bullicio de las mesas y el brillo de las luces quedaban atrás, reemplazados por el silencio de los pasillos cuando Korina terminó de ordenar los últimos detalles de su turno. Don Darío, como siempre, había revisado los informes con su mirada implacable h