— Déjame ayudarte con eso — Respondió, decidido.
Korina se apartó suavemente y fue a cambiarse. El agotamiento le pesaba en los hombros; demasiadas emociones acumuladas en tan pocos días. En su mente resonaban todas las veces que Darío la había retenido allí, sin escapatoria, y el conflicto en su pecho solo crecía.
Él, por su parte, salió de la habitación con el celular en mano. Sabía que no sería fácil recuperarla, pero tampoco imaginaba que Korina estuviera tan cerrada. Necesitaba un plan, algo más que palabras.
— Cariño, ya regreso, necesito atender unas cosas — Dijo, antes de salir.
— Está bien — Respondió ella sin levantar la mirada.
Sola en la cama, Korina giró el anillo en su dedo. Era hermoso, delicado, exactamente lo que le gustaba. Sin embargo, el recuerdo del collar roto, el dije del As de corazones que tanto amaba, volvió a su mente. Él mismo se lo había hecho diseñar, él mismo le había puesto la pulsera en el tobillo… y ella lo había destruido en un arranque de dolor.
Sus