— Déjame ayudarte con eso — Respondió, decidido.
Korina se apartó suavemente y fue a cambiarse. El agotamiento le pesaba en los hombros; demasiadas emociones acumuladas en tan pocos días. En su mente resonaban todas las veces que Darío la había retenido allí, sin escapatoria, y el conflicto en su pecho solo crecía.
Él, por su parte, salió de la habitación con el celular en mano. Sabía que no sería fácil recuperarla, pero tampoco imaginaba que Korina estuviera tan cerrada. Necesitaba un plan, al