— Don Darío, gracias por recibirnos — Saludó Don Fernando, con voz grave.
— Don Fernando, buenas noches — Respondió él con un porte seguro, marcando territorio desde el inicio — Te presento a Korina. Como te comenté, te recibo por la memoria de Don Yariel —
El hombre volteó a verla y, apenas, disimuló una leve sonrisa. Korina percibió en su mirada el mismo juicio de siempre, esa sensación de que la veían como si no valiera la pena. De inmediato dirigió una mirada cargada de reproche a sus nieta