Liyeth:
Estamos en la bañera abrazados. El agua tibia rodea nuestros cuerpos como si quisiera retenernos, impedir que la realidad nos alcance. Y, aun así, sé que no puedo quedarme más tiempo aquí. Por más que desee permanecer en los brazos de Jaik, aferrarme a su calor, esconderme en su piel… no puedo.
Salgo de la bañera despacio, como si cada gota que cae de mi cuerpo fuera un segundo menos a su lado. Él me observa con el rostro adormilado, la barba húmeda y algunas gotas resbalando por su mejilla. Me inclino para besarlo; su piel tibia me eriza el alma. Me pide volver.
Me suplica con los ojos.
Y sí… me siento tentada, tan tentada…
Pero la tentación no detiene los juicios divinos.
—Es hora de volver a la realidad —le digo finalmente—. Somos prófugos de nuestro destino.
Las palabras me rasgan por dentro. Siento el corazón arrugarse, volverse pequeño y frágil. No quiero que esto termine. No quiero enfrentar lo que sé que viene. Pero mi destino ya está sellado.
Me visto a toda p