Mientras el cronómetro daba la impresión de no avanzar, o de que el resto del mundo avanzaba muy rápido, a excepción de nosotros cuatro, que seguíamos confinados en el toldo en la playa, hablamos sobre nuestras opciones.
—Por nada en el mundo podemos arriesgarnos a hornear algo —dije—. Con solo dos horas, no vamos a alcanzar siquiera a que se cocine bien, sea lo que sea que intentemos.
—Debemos recurrir a opciones de dulces que no impliquen calentar nada —dijo Rubí, que se había sentado entre