Beso con lengua

Cuando salí del restaurante, pasé por el Boca Canoa y vi, a través de los cristales, que Teressa estaba sentada, sola, con una bebida de vaso largo frente a ella. La pobre tenía una cara fatal, pese a que no parecía quedar rastro de la resaca. Entré y me senté a su lado, tomé su mano y me miró con ojos de perro abandonado. 

—Filip ahora est&aa

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