—Leia— mencionó al querer acercarse más a ella, luego de que la joven retrocediera.
Ella soportó el estremecimiento de toda su piel.
—Vine a preguntarte una cosa— su voz salió ronca, luego de ese beso, pero su rostro no demostró más.
Él dejó escapar el aliento al llevarse una mano a arrastrar su largo flequillo.
—¿Qué cosa? – preguntó secamente, molesto.
—Aquella noche, cuando los chicos fueron a nuestra casa— le recordó.
—¿Qué con ello? – ante la molestia de la voz, ella apretó los puños para