—Debemos ponernos de acuerdo sobre la casa. Pero deberíamos empeñarnos mucho más en lo segundo— me besó.
Le acaricié un pezón y éste endureció.
—Ni siquiera necesitas decirlo —ella se rio cuando le acaricié las nalgas sobre su pareo blanco, color similar al de su traje de baño.
Comencé a besarla y a acariciarle el culo. Leia gimió y besé su cuello.
Escuchamos un carraspeo.
Maldije internamente.
—Odio ser inoportuno, pero es el único descenso— James se rascó la nuca.
Mi molestia disminuyó al per