Por la mañana siguiente un maullido de Oreo y el mismo frotándose contra su mano que colgaba del sofá, habían logrado despertarlo.
—Joder— soltó con voz ronca y todavía con sueño.
Escuchar el sonido ligero de agua corriendo lo hizo desperezarse y sentarse. Vio a Leia pasearse por la cocina cuidando de no hacer mucho ruido y se extrañó de verla, ¿qué hora era? Bajó su mirada al reloj en su muñeca y se dio cuenta que ya pasaban de las ocho y media «maldición» pensó fastidiado al darse cuenta qu