El coche avanzaba despacio por la avenida arbolada que rodeaba el atelier. El tráfico era fluido, casi amable, pero dentro del habitáculo el silencio se había instalado con una densidad nueva. No incómoda. Tampoco del todo tranquila.
Sofía apoyó la frente contra el cristal durante unos segundos. La ciudad se deslizaba al otro lado, difusa, como si no terminara de pertenecerle. Llevaba las manos entrelazadas sobre el regazo, aún con la sensación extraña de haber hablado demasiado… y, al mismo ti