Los meses se habían deslizado como agua entre los dedos. Alba no supo en qué momento el invierno se volvió primavera, ni cuándo las bufandas dejaron paso a las prendas holgadas y los escaparates cambiaron dos veces de decoración. No tuvo tiempo de contarlos, la vida, su vida, con su crueldad exacta, la mantuvo ocupada en cuatro tareas constantes.
Por las mañanas era madre con reloj atado al corazón: preparar desayunos, revisar mochilas, firmar permisos, secar lágrimas pequeñas que a veces no te