Alba asintió después de hablar con el médico, regresó a la habitación con las manos apretadas contra el esternón para domar el dolor.
—Gracias, doctor, voy a… hacerlo todo como usted diga, todo por el bien de Massimo.
—Bueno, eso es todo, lo tendremos dos días más en observación y luego podrá ser dado de alta —el médico extendió una tarjeta—. Este es el número de un buen servicio de cuidado y fisioterapia por si no puede estar al pendiente todo el…
—Yo me encargaré, pero gracias.
Dijo antes de tomar la tarjeta, luego regresó a la habitación como quien vuelve a un santuario. Massimo la esperaba con esa sonrisa que ella asociaba a veranos antiguos, cuando los planes eran una lista en una servilleta y el amor no dolía.
—Te tardaste —dijo, fingiendo reproche—. Te extrañé quince segundos, ¿ahora íbamos a hablar, amor?
—Mentiroso y dramático, justo como lo recordaba —ella se permitió una semisonrisa—. Massimo, las cosas son un poco complicadas ahora, estuviste dormido meses.
Él la miró, con