Massimo no tocó el timbre, había salido furioso detrás de Lía después del escándalo que había montado en casa de Alba, así que cuando llegó al hotel, solo abrió la puerta con demasiada violencia. Trató de controlarse aunque sentía la vena de su cuello palpitar de pura furia. Cuando apareció fresca como una lechuga desde el cuarto de baño, Massimo solo quiso golpearla hasta borrarle la sonrisa del rostro.
Esa mueca que a veces simulaba dulzura y otras solo delataba nervios. El hombre respiró con