Lía golpeó la pantalla de su teléfono con tanta fuerza que la carcasa crujió. Estaba que no cabía dentro de sí misma de tanto enfado. La mujer pateó el aire cuando otra de sus llamadas fue rechazada.
Otro silencio que se le clavaba como un cuchillo en su orgullo. Massimo ni siquiera se dignaba a responderle un “no me interesa”. Simplemente la había borrado de su vida, como si nunca hubiera existido.
En esos últimos días no le importaba ni siquiera que ella estuviera embarazada, prefería perse