Lía caminaba de un lado a otro por la sala de su apartamento, estaba furiosa, alterada y al borde de un colapso mental. Mordió sus uñas mientras miraba el celular como si ahí hubiese una respuesta a todo lo que se le estaba saliendo de las manos.
Desde hacía semanas, Massimo no solo no le contestaba las llamadas, sino que además se había dedicado a humillarla con su indiferencia. Ni siquiera que estuviera embarazada parecía importarle ya, y tenía que importarle, era su hijo, de los dos.
La muje