Capítulo – Lo Que El Silencio No Puede Ocultar
Massimo no se movió durante varios minutos, no sabía cómo había llegado realmente hasta Alba, pero no sabía qué hacer con todo lo que estaba pasando. El hombre permaneció allí, de rodillas frente a ella, como si el suelo fuese el único sitio seguro en medio del torbellino que lo consumía.
Alba sentía la humedad de sus lágrimas calando la tela de su pijama, y aun así no se atrevía a hablar. Le acariciaba el cabello con dedos temblorosos, recordando