—¡Excelente!
La voz del director tronó por el set, arrancando aplausos entre el equipo técnico. Alba cerró los ojos por un instante, sintiendo cómo la tensión acumulada en sus hombros se desvanecía. El aire olía a lluvia, a luces calientes, a éxito. Un par de asistentes se acercaron con toallas, mientras Ernesto, aún jadeando por la escena, le ofrecía una mano para levantarse.
—¿Estuvo bien, verdad? —dijo él con una sonrisa torcida—. Lamento empujarte, incluso si es en el set.
—Es trabajo, Erne