La puerta se abrió bruscamente.
Coalición de miradas.
¿Qué carajos?
Ambos varones se observaron con el ceño fruncido por largos segundos.
Cada uno escrutando a la persona que tenía en frente. Cada uno sopesando, a su manera, al "impostor" que lo repasaba con detenimiento y de pies a cabeza.
Valentino se sacó los lentes para mirar con sorpresa al niño que tenía un palo de escoba en una mano y un palo de amasar en la otra.
—¿Quién eres? —le preguntó Valentino, todavía estupefacto.
—¿Y tú quién er