XXXIV

La primera canción acababa de terminar.

Ella aún recuperaba el aliento, tomada de la mano de Bill, que estaba sonrojado.

Él también reía, tratando de respirar mientras se pasaba un pañuelo por la frente… hasta que su boca se convirtió en una “o” redonda, lo que la hizo fruncir el ceño, confundida.

—¿Me devuelves a mi dama, Bill? —preguntó una voz profunda detrás de ella, haciéndola dar un salto por el susto; estaba convencida de que él no se encontraba allí.

—No soy “tu” dama —replicó.

—Claro,
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