LXV B

El aire de silencio duró poco cuando vieron al mayordomo aparecer en la casa acompañando a Delia y su hijo, Giovanni. Iban muy bien ataviados y saludaron a los presentes.

—Hola, Delia, querida. ¿Cómo has estado?

—Muy bien, señora De Lucca. Gracias por invitarnos —se giró para tenderle la mano a Valentino, que estaba totalmente serio—. Felicitaciones, señor De Lucca. Me he enterado hoy de su futura boda.

—Gracias, Delia. ¿Has venido sola? —cuestionó, totalmente extrañado de verlos sin la sombra
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