El chillido de Fiorella los sacó de la nebulosa caliente en la que se encontraban. Kelly abrió los ojos como platos dándose cuenta de lo que estaba haciendo y luchó para liberarse del hombre que parecía negarse a soltarla. Tomaba sus labios con fuerza y la apretaba contra la pared.
—¡Bájame! —pidió cuando logró soltarse de los besos.
—Tu madre pregunta por ti —dijo Fiorella acercándose.
—¡Vete, Fiorella! —se quejó, bajando a Kelly sin dejar de mirarla intensamente—. Ti auguro, piccola (te dese