LXIV A

Viajaron en silencio en la parte trasera del vehículo. Kelly estaba acurrucada en una esquina, con el rostro aburrido, mirando a través de la ventana todo el paisaje que aparecía a medida que avanzaban, sin apartar los ojos. Permanecía clavada allí, en su lugar, tratando de evitar cualquier contacto visual con su acompañante.

Para Valentino, verla a su antojo era tan maravilloso como frustrante, pues no podía alargar la mano para acariciar sus brazos o sus piernas desnudas, ni besar lentamente
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