Maggie casi quedó con la boca abierta al ver cómo ese enorme hombre se llevaba a su pequeña para llevar las noticias al niño. Desde donde estaba, no pudo evitar seguirlos con la mirada, sintiendo una presión incómoda en el pecho que no sabía bien cómo nombrar.
Todavía pensaba que había algo más oculto, algo que Kelly no alcanzó a decirle por la repentina aparición. Maggie lo percibía con claridad, como una intuición amarga que no lograba disipar.
Tampoco tenía el derecho de protestar o cuestion