Maggie casi quedó con la boca abierta al ver cómo ese enorme hombre se llevaba a su pequeña para llevar las noticias al niño. Desde donde estaba, no pudo evitar seguirlos con la mirada, sintiendo una presión incómoda en el pecho que no sabía bien cómo nombrar.
Todavía pensaba que había algo más oculto, algo que Kelly no alcanzó a decirle por la repentina aparición. Maggie lo percibía con claridad, como una intuición amarga que no lograba disipar.
Tampoco tenía el derecho de protestar o cuestionar los actos del hombre que acababa de salvarlos de un derrumbe emocional que habría sido devastador para ambos hermanos.
Además, aunque en su corazón Kelly fuera como una hija y la considerara su “pequeña”, era toda una mujer adulta, y había tomado una decisión para salvar a su hermano, algo que Maggie comprendía absolutamente, aunque le doliera.
Estaba segura de que ella misma habría hecho lo mismo si no hubiera tenido alternativa más que aceptar la mano de un hombre con influencia bajo un p