—¿Qué diablos te pasa? —le preguntó Valentino, disgustado con la mujer que tenía enfrente.
—¿Te enfadas conmigo? Deberías estar agradeciéndome que te abra los ojos —escupió aún con la ira encendida—. Hasta tu madre haría lo mismo y estaría de acuerdo con mis palabras.
—Cierra la boca, Fiorella.
—Ella es nadie para ti —dijo pasando por alto la mirada encendida del hombre—. ¿Por qué te empecinas con alguien así? Te ves como un...
—Si dices una palabra más, juro que haré que mis hombres te saquen